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Investigador Juan Guillermo Lohmann desmitifica hitos capitalinos en su último libro “Lima. Las calles de la ciudad de los reyes”


“Lima cuadrada no es cuadrada, sino que tenía forma de triángulo”, explica Juan Guillermo Lohmann Luca de Tena, a propósito de su último libro.

“Le pusieron Lima Cuadrada porque las calles eran cuadradas”, agrega. No es el único mito que el también abogado aclara en Lima. Las calles de la ciudad de los reyes (Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2022). “La única parte que se llama Cercado de Lima era en Barrios Altos, donde estaba el cercado de los indios que se mandó a hacer para conservar ahí a los indígenas”, cuenta. “Hay una transmutación indebida ahí”.

“De la Plaza de Armas queda la Catedral”, indica el autor. “Palacio fue refaccionado tras el incendio del anterior Palacio”, comenta. “Leguía lo reparó y los planos se hicieron hasta el gobierno de Benavides. El actual Palacio se terminó de construir más o menos en 1940″.

El Malecón Leguía, con su fuente y palmeras, al borde del río Rímac, dejó de existir en los 40 o 50, calcula Lohmann.

Finalmente, concluye que “lo que verdaderamente queda de la Plaza de Armas es la Casa de la Unión, la Catedral y la pila central.

Para Lohmann, la Lima antigua ha tenido dos épocas más o menos marcadas desde su fundación: antes y después del terremoto de 1746. Ya en la república, también hay un antes y después de las murallas.

“Cuatro avenidas encerraron la ciudad: lo que es hoy es Alfonso Ugarte, Colón, Grau, Incas”, relata. “Las murallas eran muy pobres porque eran de adobe, entonces un visitante extranjero miraba que no servían para nada. Las murallas que construyó el virrey Melchor eran para defendernos de un pirata holandés y otro inglés”.

Publicación del Fondo Editorial del Congreso.

Aquella vez Santa Rosa salió a rezar con la mitad de las mujeres de Lima al convento de Santo Domingo, para que los piratas se retiraran. Y, efectivamente, parece ser que el capitán padecía de alguna enfermedad súbita. Lima nunca tuvo invasión extranjera hasta la infausta guerra con Chile.

“Los muros que se mantenían, en realidad, eran unos muros rígidos, y por eso hizo una especie de contrata para agregar murallas y aprovechar las urbanizaciones”, detalla.

“Lima era muy apretada dentro de las murallas y se liberó de alguna manera sin ellas. Ahí entonces empezó la expansión hacia el sur, básicamente un poquito hasta el Callao”.

Y el resto, valga la obviedad, es historia.



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