Politics

Francisco Sagasti: “Es importante evitar que el desbalance desde los extremos termine en una solución autoritaria” | Entrevista


Francisco Sagasti acaba de publicar Discursos del Bicentenario (Planeta), una selección de 32 de sus intervenciones durante el Gobierno de Transición y Emergencia, hecha por sus colaboradores Melissa Navarro y José Rodríguez.  

—Aunque
abundan alusiones y citas, sus discursos como presidente eran muy económicos y
directos. ¿Fue un estilo deliberado?

Absolutamente
deliberado. Y acá tengo que agradecerle a mi querido maestro Enrique Zileri que
siempre me decía que en lugar de utilizar frases altisonantes uno tiene que
fluir, corto y puntual. Mi filosofía en términos de comunicación es decir lo
necesario de manera económica y clara.

—¿Cómo
la compara con la retórica política?

Hemos
tenido excelentes oradores y uno de ellos fue Alan García, con una capacidad retórica
extraordinaria. Yo no tengo esa habilidad, pero a lo largo de los años sí he
aprendido a comunicar con un estilo académico, conciso y directo. A veces un
poco extenso en cuanto los detalles, lo que me sucedió en una conferencia de
prensa donde me extendí y todos los periodistas me preguntaban por la pepa.
Tuve que adaptarme a una nueva situación aprendiendo muy rápido.

—¿Cómo
era su método con los asesores?

Me sentaba
con Melissa y José Rodríguez y les decía lo que yo pensaba del tema, les daba unos
bullet points para que traten de desarrollarlos. Pero cuando yo recibía
insumos era del grupo completo de asesores:

—Un
grupo joven. El ingeniero Enrique Felices es el único veterano.

Digamos que
es de mi generación (risas). Fue uno de los asesores principales de mi gobierno
y siempre tenía extraordinarias ideas y planteamientos. El círculo era
mayormente de jóvenes porque hay que aprender de ellos y no encerrarse en tu
propio círculo.

—Una
primera frase que destacan los editores es “en mi gobierno no prometemos lo que
no podemos cumplir, pero cumplimos lo que prometemos”.  

Es clave.

—Tiene
resonancia con lo que estamos viviendo ahora. Lo repitió casi como un eslogan.

A veces no
me creían. A veces me pedían X y les decía que no se podía hacer. Vivimos un
círculo de promesas incumplidas. Venía algún dirigente a reclamar y el gobierno
respondía con promesas ambiguas para salir del paso. La persona salía a la
calle a decir que le hicieron una promesa solemne, sabiendo que no se va a
cumplir.

—¿Un
rito de mentiras?

Más bien un
ritual vacío. Me prometes y me quedo satisfecho pero los dos sabemos que no se
va a cumplir. Me interesaba romper ese ciclo tradicional en la política
peruana. De una vez por todas tenemos que sincerarnos. Como lo digo en el
último discurso del libro me marcó el período de trabajo con sir Geoffrey
Vickers (británico pionero estudioso de los sistemas) y el equipo con el que
trabajé. Cada sí implica un millar de nos. Una decisión deja de lado otras. Uno
como político tiene que explicar que ahora no puede, pero de repente más
adelante sí.

—En una
pausa de una entrevista que tuvimos en TV Perú usted se emocionó cuando
mencionó el caso de una persona que pedía una pensión, y su gobierno no se la
pudo dar.

Se dan dos
necesidades urgentes, pero no se pueden satisfacer las dos a la vez. Hay que
explicarlo y decir por qué. Esa decisión me marcó porque habíamos separado una
cantidad de recursos financieros con el ministro de Economía y Finanzas para
poder pagar las pensiones parciales a los que contribuyeron 10, 15 años y no
recibían un centavo. Pero nos dimos cuenta de que la tasa de fallecimiento era
10 veces mayor entre adultos mayores sin ningún tipo de seguro. La decisión fue
muy clara y difícil. Asignamos una buena parte de los recursos para universalizar
el SIS y que todos tengan seguro durante la pandemia porque la cifra era
espeluznante. Me alegro de que este gobierno, con la mayor recaudación fiscal
que no podía anticiparse, haya decidido lo que quisimos hacer y no pudimos en
ese momento.

“Me desconciertan mis amigos intelectuales. En sus columnas se tiran al suelo”. (FOTO: VÍCTOR CH. VARGAS).

—También
se destaca la frase “lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y
que el que no la tiene no se vacune”.  

Hay un concepto
republicano que es igualdad de deberes y derechos para todos. Los criterios
eran de vulnerabilidad no de privilegios. Por eso nos dolieron problemas como
el Vacunagate. Pero lo importante fue conseguir 68 millones de vacunas para
vacunar a todos los peruanos.

—Un
tercer eje es el de animar a los jóvenes a participar en política.

A mi
generación la marcó el concepto de vocación de servicio. La idea es que uno no
está aquí para beneficiarse y que los privilegios y la educación recibida
generan obligaciones. Y constatar cómo en diferentes momentos la juventud ha
estado motivada para intervenir activamente en temas políticos y de justicia
social. Y hay que reconocer que las redes tienen un impacto ambiguo porque
ayudan a conectar, pero también a quedarse en círculos cerrados. Yo participo
en algunas redes con quienes piensan muy diferente a mí.

—En sus
discursos anima a los actores a buscar un “acuerdo operativo” en medio del
disenso. Hace poco Max Hernández propuso el Acuerdo Nacional como ese escenario
y el cardenal Pedro Barreto lo calificó como la “ultima oportunidad” para
Castillo.

Los caminos
son a veces de los más imprevisibles y desconocidos. Hay que intentar todo.
Todo. Hay una convergencia de desasosiegos. La gente está desconcertada y
molesta pero todavía se mantiene anclada en sus propias ideas y anclajes
culturales, ideológicos, raciales y geográficos para escuchar al otro. No creo
que sea uno solo el espacio privilegiado. Hemos visto pronunciamientos de la Conferencia
Episcopal, de los gobernadores regionales, de organizaciones académicas y en
rechazo de las expresiones de un primer ministro que, para ponerlo suavemente,
deja mucho que desear. Esta convergencia de desasosiegos va a ir tomando forma
poco a poco. También estamos viendo propuestas para adelantar las elecciones,
modificar los requisitos, las propuestas a los cambios a la legislación
electoral. He recibido al menos tres propuestas específicas de cómo hacer estos
cambios y debe haber más. Tenemos que crear articulaciones entre los distintos
grupos. Alguien que pueda conversar con los empresarios y las organizaciones de
trabajadores. Con los académicos y con las organizaciones que representan a las
diversas religiones. Con los alcaldes, gobernadores y los técnicos con
experiencia. Hay que irlo articulando y armando. Tengo fe. Creo que se va a
lograr tarde o temprano.

—¿La
idea es buscar una salida siempre?

A veces me
desconciertan de muchos de mis queridos amigos intelectuales. En las últimas
columnas se tiran al suelo, ya no hay nada que hacer. Una de mis nuevas
citas favoritas es de Leonard Cohen, de la cancion Anthem, que la usé en una
ceremonia en honor a Max Hernández: Ring
the bells that still can ring
/ Forget your perfect offering/ There is a crack, a crack in everything/ That’s how the light gets in. Que suenen las campanas que todavía
pueden sonar/ Olvida tu ofrenda perfecta/ Hay una grieta, una grieta en todo/
Así es como entra la luz. No creo que esto sea posible porque soy un loco,
optimista o desconectado de la realidad. En mi último artículo en el Comercio
incluí un link a otro que publiqué en CARETAS el 19 de abril de 2001,
sobre el domingo de resurrección. En ese momento resucitábamos del
autoritarismo y la corrupción. Ya habíamos salido del terrorismo. Ya hemos
salido de situaciones graves. ¿Por qué no vamos a salir de ésta?

Desastre de Ucrania recuerda que los autoritarismos no son una solución. Fuente: Perfil.

—¿Pasa necesariamente por la salida del presidente?

Está por verse. Hay opiniones encontradas. Cuando me pronuncié
inicialmente observé tres opciones: un súbito ataque de sensatez que cada vez
parece menos probable por la vocación reiterada de repetir el error; una
transición por vacancia o renuncia y una iniciativa ciudadana. Pero también hay
otras salidas. Lo importante es evitar que el desembalse desde los dos extremos
termine en una solución autoritaria que recorte libertades o en una solución
asambleísta y caótica. La responsabilidad de aquellos que hemos tenido un
mínimo de participación en la vida política peruana es buscar eso que evite los
dos extremos.

—Un artículo reciente de Thomas Friedman en The New York Times recuerda
lo mal que le va a los autoritarismos hoy: China con el rebrote de la pandemia,
Rusia con el desastre mal calculado de Ucrania.

Definitivamente.
Las salidas autoritarias o asambleístas son recetas claras para el fracaso
económico y social. Lo importante es buscar esta salida que parece difícil pero
siempre hay esta rendija por donde se cuela la democracia. Mal de muchos,
consuelo de tontos, pero en realidad este es un problema mundial, lo que
estamos viendo en Argentina, en Chile, Brasil, México, Colombia, ni hablar de
Venezuela para quedarnos en nuestro barrio. Pero mira África, Europa, el ímpetu
de la resurrección de Trump.

—¿Si el
centro se ha vuelto una mala palabra cómo recuperar ese espacio de sentido
común?

No uso la
palabra centro por eso. Hay que recuperar valores básicos. Empezar con la
convivencia, la tolerancia y el respeto mutuo. Eso se empieza con el ejemplo y
desgraciadamente el ejemplo del presidente del Consejo de ministros es pésimo.
Quienes debieran buscar la salida, la concordia, el trabajo conjunto entre
ministros y gobierno, la sociedad civil, el sector privado y la academia son el
primer ministro y el presidente. El presidente está ausente y el primer
ministro está dedicado precisamente a hacer lo contrario. Este nuevo sentido
común sí tiene que empezar por reconocer las enormes injusticias que se han
cometido en 200 años. Tampoco se trata de volver a lo de antes. Se requieren
cambios significativos y profundos. Empezando por la forma de relacionarnos los
peruanos de todas las regiones y el papel que tiene que jugar el Estado, en
primer lugar y luego el sector privado, la sociedad civil y la academia. Pero
esto pasa en primer lugar por un el convencimiento de la salida democrática,
institucional y sin violencia, donde las demandas se puedan acomodar en una
estructura institucional y de políticas diferentes. Hace muchos años trabajamos
en el diseño de estrategias de desarrollo, con una visión de mediano y largo
plazo.

Publicación de Planeta.

—Trabaja
en un proyecto con cooperación internacional para trazar el camino entre ese
trabajo y la experiencia de aplicarlo en la presidencia. ¿Este libro es parte
de ello? 

No. La idea
es hacer lo que deberían hacer todos los presidentes, que es un registro, parte
de un proceso de rendición de cuentas. El otro proyecto va avanzando con una
cantidad enorme de material, esperamos que ese libro salga publicado a
principios del próximo año.

—¿Qué ha
aprendido en ese proceso?

Grosso modo
lo que estoy descubriendo es que cuando reflexiona sobre lo hecho las cosas
empiezan a calzar y se encuentran razones, causas efectos que no consideras
cuando estás metido en el tema. Cada problema requería el 100% de mi atención
en ese momento. Lo demás desaparecía. Se resolvía y luego pasabas a lo siguiente
con la misma concentración. Lo que estamos haciendo ahora es ver el proceso
desde fuera. Ahí aparecen sutilezas, influencias, actitudes, información,
maneras de pensar.

—¿Reconocimiento
de errores?

Eso se hizo
sobre la marcha. Si metíamos la pata lo reconocíamos.

—El Perú
fue el primer país en ajustar su cifra de muertos por la pandemia. La OMS está
por publicar una investigación que sostiene que los fallecidos en todo el mundo
son más del doble de los oficialmente contabilizados. ¿Fuimos pioneros?

Asumir el costo político de decir la verdad es una obligación de cualquier líder. De decir las cosas como son y estuve totalmente convencido de hacerlo.



Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published.